Laura Boyer Arnedo falleció a los 57 años sin reconciliarse con la memoria de su padre, Miguel Boyer, ni con su última pareja y madre de su hermana, Isabel Preysler. /
De todas las relaciones sentimentales de Isabel Preysler , puede que la que mantuvo con Miguel Boyer fuera la más polémica. De hecho, nadie osó restarle épica a su amor, dada la polvareda con vocación de escándalo que suscitó en la España de los años 80. Ella ya era la reina de corazones y él, todo un ministro socialista de Economía en ciernes, casado y con dos hijos. Contra todo pronóstico, fueron felices.
Si restamos a Isabel Preysler de la ecuación, lo que resulta no lleva a una zona de pureza material propia de un intelectual consagrado a su imponente biblioteca. Esa es solo la última época en la vida de Miguel Boyer , finalmente víctima de un ictus en 2012 que, además de dejarle alguna que otra secuela, desembocó en su fallecimiento dos años después. Su vida profesional fue apasionante, pero en lo familiar no supo vencer. No mantuvo una buena relación con sus hijos mayores, Miguel y Laura Boyer . Hoy se celebra la misa funeral en la iglesia de San Manuel y San Benito, en Madrid.
El fallecimiento de Laura Boyer, aquejada de cáncer y víctima durante años de ciertos desarreglos emocionales, ha vuelto a destapar la polémica de la herencia del ex ministro, aún misteriosa. En aquellos años 80, Miguel Boyer era intocable y, probablemente, uno de los cinco hombres más poderosos del país. En su familia ya había nombres insignes: su bisabuelo fue, además de economista, ministro de Hacienda y gobernador del Banco de España. El hermano de su abuelo fue, además, ministro de Gobernación en la Segunda República.
Miguel Boyer fue el primero de su promoción en las dos licenciaturas que cursó: Ciencias Físicas y Ciencias Económicas. Su carrera fue meteórica, pero marcada por una militancia socialista que le llevó a la cárcel y a dimitir de su escaño de diputado en 1980, por posicionarse en contra del marxismo que defendía su agrupación. En 1982 fue nombrado ministro de Economía: el hombre que llevó España a la Comunidad Económica Europea.
Durante su mandato ministerial, Miguel Boyer se hizo un nombre gracias a una serie de casos polémicos y varias leyes mediáticas. Sobre todo, expropió Rumasa, con la consiguiente campaña de bromas e ironías del propietario, el empresario Ruiz Mateos. Y liberalizó el horario del comercio, una norma con la que confirmó que le tenía más fe al mercado que al control estatal de las relaciones económicas. Paralelamente a todo esto, Boyer se hizo rico. Riquísimo.
Las cifras que se barajaron para darle cuerpo a la fortuna de Miguel Boyer hablan de alrededor de 10 millones de euros y, paradójicamente, ninguna propiedad. Con poco más de 20 años ya impartía clase en la Escuela de Ingenieros de Telecomunicaciones, por lo que en seguida empezó a manejar dinero, ahorrar e invertir. Poco antes de entrar en el gobierno de Felipe González conoció a Isabel Preusler, con la que se casó en 1989, cuatro años después de dimitir.
Con una bien ganada fama de frío, soberbio y endiosado y acusado de rebajar el socialismo del que el PSOE era capaz, Boyer se divorció de la ginecóloga Elena Arnedo, madre de sus hijos Laura y Miguel, e inició su nueva vida al margen de la política. No de la empresa, pues durante dos décadas trabajó para las más importantes. Miguel Boyer tuvo cargos directivos clave: fue presidente del Banco Exterior de España, entró en el CERN y en el comité de expertos para el Estudio de la Unión Económica y Monetaria.
En 1988 se convirtió en presidente de Cartera Central y, más tarde, entró en los consejos de administración del Grupo Fomento y Construcciones y Contratas. A partir de 1999, Boyer fue nombrado presidente de la Compañía Logística de Hidrocarburos y entró en los consejos de Urbis o Campsa. En el libro Socialistas de élite, se cifra su sueldo anual de esta época en 600.000 euros.
«Es un poco raro que mi padre fuera economista, parece que no se preocupó de gestionar su patrimonio. Cuando murió, no tenía nada a su nombre, no sé en qué lo gastó todo», declaró Miguel Boyer Arnedo, único hijo de Miguel Boyer, tras morir su padre. Se ha dado siempre por supuesto que fue el ex ministro quien compró el terreno en Puerta de Hierro y construyó la famosa gran mansión de Isabel Preysler, valorada en nueve millones de euros.
En estos días, sin embargo, una de las personas que más conoció el reparto de la herencia de Miguel Boyer, organizada en tres lotes, ha hablado sobre la misteriosa fortuna del economista. Se trata de Purificación Pujol, abogada y amiga de Isabel Preysler, quien ha señalado que la mansión de Puerta de Hierro «jamás fue propiedad de Miguel Boyer». Además aseguró que el dinero de su compra salió íntegramente del bolsillo de la 'socialite'.
«No vende que se hable bien de Isabel. Tiene un comportamiento impecable, esa es su educación. Isabel es buena persona y siempre ha actuado con muy buena fe», dijo la abogada en Semana. ¿En qué se fue la enorme fortuna de Miguel Boyer? Tal vez en la construcción de la imponente casa y, por descontado, en las facturas médicas que supuso su enfermedad.
Sea como fuere, Laura Boyer, recientemente fallecida a los 57 años, jamás se creyó estas explicaciones. Se negó a aceptar la herencia de su padre, apenas libros, alguna obra de arte y tres autos antiguos, pues sus cuentas apenas tenían dinero para pagar los gastos. La casa de la polémica jamás fue un bien a repartir, pese a todos los rumores. Ni ella ni su hermano necesitaban, en todo caso, ningún dinero: su madre, Elena Arnedo, sí les dejó una herencia millonaria.
Por línea materna, Miguel y Laura Boyer recibieron el chalet familiar de El Viso, una de las zonas más caras de Madrid, una finca y varios pisos en el barrio de Salamanca y cerca del museo Thyssen y el hotel Palace. Además, acciones, inversiones y dinero en efectivo. Además, poseen los derechos de autor de su abuela, la escritora Elena Soriano.