Una de las últimas apariciones sobre la alfombra roja de Santiago Pedraz, juez de la Audiencia Nacional, y la abogada penalista Sylvia Córdoba. /
Ha nacido una nueva estrella de la abogacía, aunque no podemos decir que nos haya pillado totalmente por sorpresa su presencia estelar. Conocimos a Sylvia Córdoba como la joven y rubia novia del juez Santiago Pedraz , con el que formaba una pareja refrescante sobre ciertas alfombras rojas. La pareja era bonita, pero parece que no lo suficientemente feliz. Cuando ella ya escuchaba sonar las campanas de boda, él la abandonó vía correo electrónico para iniciar una relación con una buena amiga, la marquesa viuda de Griñón, Esther Doña .
Aunque la historia de la ruptura entre el juez Pedraz (64 años) y Sylvia Córdoba es jugosa, reducir a esta mujer a una anécdota sentimental sería injusto. Madrileña de 42 años, Córdoba posee una trayectoria intachable de veinte años como letrada especializada en derecho penal y extranjería. De hecho, dirige su propio despacho que, por asesorar en materias de asilo político y extranjería y especializarse en crimen organizado internacional, atiende a sus clientes en seis idiomas.
El escándalo de su ruptura con el juez Pedraz y el estruendoso romance que inició con Esther Doña (44) a renglón seguido han sido aleccionadoras para Sylvia Córdoba. Ahora que debe ponerse ante las cámaras por méritos propios, lo hace con una tranquilidad pasmosa. Lo demostró hace unos días, en la primera comparecencia ante la juez del juzgado de Cáceres de dos de sus clientes, los supuestos ladrones más misteriosos y famosos del verano.
Sylvia Córdoba, convertida ya en abogada estrella, es la encargada de la defensa de Priscila Lara Guevara, una miss mexicana de 29 años con pasaporte suizo, y Constantin Gabriel Dimitru, las dos personas acusadas de robar, el pasado octubre, 45 botellas de vino del restaurante cacereño Atrio, valoradas en 1,6 millones de euros (en carta, más de tres millones). Pocos días después del suceso, la pareja abandonó el país, de forma que no pudieron ser localizados hasta este verano, en Croacia.
En una performance de película de su propio oficio, la abogada Sylvia Córdoba sostuvo ante las cámaras que la pareja había estado viajando por toda Europa pero no para fugarse, sino «de vacaciones». Que fuera precisamente ella, la abogada defensora en este delicado caso ha preocupado a los propietarios del restaurante Atrio, uno de los más lujosos de España. Y no solo porque su negocio requiere discreción total.
Sylvia Córdoba junto al juen de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, en los años felices de su noviazgo. /
«Sylvia Córdoba tiene una actitud de estar siempre rodeada de cámaras y salir en los medios y va a buscar mucha presencia mediática»., explicó en una reciente entrevista Paco Berciano, experto en vinos de coleccionista y asesor de Atrio. Berciano piensa que los vinos son irrecuperables y que el autor intelectual del robo jamás será encontrado.
«La policía trabaja en dos líneas: grandes coleccionistas y gente relacionada con el mundo de la mafia», sostiene Berciano, que apunta a que el crimen tiene todos los ingredientes para una serie. De hecho, Sylvia Córdoba está especializada, desde su mismo doctorado, en crimen internacional: mafia. Y, sin duda, es una mujer empoderada. En una reciente entrevista en un diario nacional corregía al periodista cuando la llamaba ex del juez Pedraz. «Yo no soy su ex, él es mi ex», sostuvo.
Es la misma actitud desafiante que Sylvia Córdoba mostró a la hora de digerir públicamente el abandono de Santiago Pedraz. En vez de rehuir cámaras y periodistas, concedió varias entrevistas en las que admitió sentirse humillada por una ruptura que no vio venir: Pedraz y Córdoba compartían amistad y cenas con Esther Doña y Carlos Falcó, marques de Griñón , con total normalidad.
Tras la ruptura por correo electrónico, sin embargo, Sylvia Córdoba llamó a Santiago Pedraz «cobarde» por haber asegurado que Esther Doña no era «su tipo, ni física ni intelectualmente». Y al leer que Doña aseguraba que la familia de él estaba deseando verle feliz, le puso la última banderilla. «No me gustan los mentirosos ni los vagos. Me ha molestado que él haya permitido que ella haya hecho esas declaraciones».