Aline Griffith, condesa de Romanones
Fue una de las figuras más relevantes de la vida social española de los años cincuenta y sesenta. Su mentalidad de niña rica norteamericana, muy distinta a la de la España conservadora y apegada a costumbres decimonónicas en la que aterrizó con solo 21 años, convirtió a Aline Griffith, condesa de Romanones , en una de las anfitrionas estrella de la alta sociedad internacional, tras su matrimonio con Luis Figueroa y Pérez de Gúzman El Bueno, conde de Quintanilla.
Vestida de Balenciaga y adornada con las fabulosas joyas de su familia política, recibía a embajadores, estrellas de Hollywood, millonarios, primeras damas, folklóricas y aristócratas de las familias más antiguas en sus casas de Madrid, en El Viso, de Marbella, de Nueva York o de Extremadura.
La aristócrata siempre destacó en una España en la que las mujeres no debían llevar pantalones o las nobles no se despertaban antes de las 11 de la mañana, según la aleccionó su marido.
Aline Griffith era una joven estudiante de Periodismo, Historia y Literatura cuando llegó a España, en plena Segunda Guerra Mundial, con 21 años. En aquel momento ya pertenecía al Office of Strategic Services (OSS), la organización predecesora de la CIA.
En sus numerosos libros de memorias, se explaya sobre los múltiples episodios de su vida como espía, aunque muchos de ellos no son ciertos o están muy adornados. Lo que sí es indudable es que fue entrenada por los servicios de inteligencia norteamericanos para ser una especie de 007 femenina.
La condesa de Romanones, en la presentación en Nueva York de su primer libro, La espía que vestía de rojo /
Su posición social la colocó en una situación privilegiada para contactar con todo tipo de personas. Según cuenta la última biografía publicada sobre ella, 'La verdadera historia de Aline Griffith', de Larry Loftis (Roca Editorial), aprendió a manejar armas y a matar con sus manos, utilizando solo un periódico enrollado, aunque parece que nunca asesinó a nadie.
La joven espía destacaba por su belleza y su elegancia. Hablaba español y francés, además de inglés. Su nombre en clave era Butch (marimacho). En 1944, la Oficina de Servicios Estratégicos, la destinó a Madrid para espiar a los nazis.
Aline Griffith había nacido en Pearl River, en 1923. Su padre tenía un negocio inmobiliario y su madre decía descender de los peregrinos del Mayflower. Con 17 años se mudó a Manhattan para estudiar en la universidad Mount Saint Vicent. En esa época trabajó como modelo, pero en 1943 dejó la moda y se apuntó a un programa de entrenamiento de la Office of Strategic Services (OSS).
Quería ser útil en una Europa inmersa en la Segunda Guerra Mundial. Su primer destino fue España. Aline empezó a moverse en un Madrid empobrecido y gris que, sin embargo, tenía una agitada vida nocturna. En las fiestas y los locales de moda coincidían agentes alemanes, espías, aristócratas, cantaoras y toreros.
En una de sus primeras noches en Madrid, Aline Griffith acudió a ver actuar a Lola Flores, y se convirtieron en grandes amigas. Aline era la madrina de su hijo Antonio. Poco a poco se introduce en los ambientes más exclusivos. Su objetivo son el agregado de prensa alemán, Hanz Lazar, o el príncipe Maximiliano Egon de Hohenlohe .
Aline Griffith conoce entonces a Luis Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, conde de Quintanilla y más tarde III conde de Romanones, con quien se casó en 1947.
Tuvieron tres hijos: Álvaro, exmarido de Lucila Domecq (excuñada de Bertín Osborne); Luis, casado con Teresa de Sayn-Wittgenstein-Sayn y más tarde con María Inés Bárbara Márquez y Osorio; y Miguel, esposo de la ganadera Cristina Moratiel.
La condesa de Romanones con la duquesa de alba y Jackie Kennedy en los toros. /
En 1945, la guerra termina y Estados Unidos decide cerrar las oficinas de la OSS en Europa. A Aline la destinan a París, pero antes le plantea un últimatum a su futuro marido, en forma de anuncio del compromiso en The New York Times. Se casaron.
Griffith le reveló a Figueroa que había sido espía, pero este no la creyó. Tras la boda, la CIA aprovechó su posición y sus contactos para encargarle informes durante la Guerra Fría. Su colaboración con la CIA duró hasta 1988.
Cuando el entonces embajador norteamericano en España empezó a invitar a los grandes productores e cine para que rodaran en España, Aline recibía a las estrellas de Hollywwod: Audrey Hepburn y Mel Ferrer, Deborah Kerr, Ava Gardner, Tyrone Power...
Su mentalidad abierta no casaba con muchas de las tradiciones de la aristocracia española de la época. Pero Aline se labró su propio camino, con su sentido del humor, su inteligencia, su don de gentes y su brillante elegancia.
Le encantaba disparar y conducir a gran velocidad. Podía desayunar en su finca Pascualete, en Extremadura, y comer, acto seguido, con los duques de Windsor en su palacete de París o encontrarse con Jacqueline Kennedy, en Nueva York, cuando era la primera dama de Estados Unidos.
Entabló amistad con la duquesa de Alba, el otro polo de la vida social de la época, aunque no tan internacional, con los presidentes Richard Nixon y Ronald Reagan y con Ava Gardner, Grace Kelly, Frank Sinatra o Elizabeth Taylor. También pudo conocer a Eva Perón, y criticó ante ella el apoyo que su marido había prestado a los nazis. El marido de Aline, Luis Figueroa, murió en 1987, y ella en el 2017, con 94 años.