enemigos de la princesa

Carolina de Mónaco, la princesa que mandaba demasiado y a la que cortaron las alas

Admirada por unos y temida por otros, Carolina de Mónaco siempre ha sido identificada como la más «mandona» de los hermanos Grimaldi. ¿Respaldan los hechos esta teoría?

Carolina de Mónaco ha sido una de las princesa más mediáticas de la realea europea. / GETTY IMAGES

Silvia Vivas
Silvia Vivas

Desde que nació un 23 de enero de 1957 Carolina de Mónaco apuntaba maneras. La primogénita de la pareja formada por Grace Kelly y el príncipe Rainiero III nunca estuvo destinada a gobernar el principado… oficialmente. Pero Carolina es mucha Carolina.

Princesa de Hannover por matrimonio, la princesa Carolina ha «reinado» de una forma u otra desde que llegó al mundo y no sólo nos referimos a ser la estrella en las portadas de las revistas y el front row de los desfiles de alta costura parisinos.

Grimaldi de los pies a la cabeza y heredera de una tradición de mujeres fuertes y libres, para muchos Carolina ha sido desde el primer día la más apta y glamourosa de los tres hermanos monegascos al frente del principado y ocupa de maravilla el puesto de cabeza visible de la familia.

Circunstancias dramáticas, como el fallecimiento prematuro de su madre o el dilatado retiro de la princesa Charlène por enfermedad , son un buen ejemplo de ello. Ambos acontecimientos convirtieron a Carolina en la primera dama oficiosa de Mónaco. Un papel en el que se parece sentir cómoda y que sólo abandonó en el pasado cuando falleció su esposo Stefano Casiraghi .

Pero contra el vicio de pedir un hueco en la escena pública, también está la virtud de no dar, y eso es lo que debieron pensar en más de una ocasión todos aquellos que temían quedar eclipsados por la princesa. Durante mucho tiempo se ha rumoreado que Carolina y Charlène vivían una relación conflictiva , pero la sudafricana no es la única con la que la royal que «mandaba» por encima de sus posibilidades ha tenido un conflicto. Ahora parece que las personas que han deseado que dejara de brillar han conseguido su objetivo, más o menos.

Los enemigos de Carolina de Mónaco que le cortaron las alas

Lo contaba el propio Rainiero III a la prensa. Sus hijos no pisaban su despacho, no tenían permiso para acercarse a sus estancias, en definitiva, no debían interferir con su vida diaria.

Pero una Carolina diminuta se atrevió a interrumpiruna de sus complicadas reuniones de estado para hablar con él por teléfono. «La telefonista llamó a mi línea privada en el momento en que yo trabajaba en un asunto urgente y no tuve más remedio que dedicar un momento a una señorita a quien solía leer las historias del Doctor Seuss», recordaba el gobernante de Mónaco.

Carolina nunca le tuvo miedo a su padre, a la prensa ni a nadie. Mientras su hermano tartamudeaba ante la figura paterna, Carolina se escapaba de sus habitaciones como una maestra en escapismo para poder disfrutar de una buena juerga. Ni su matrimonio prematuro con Philippe Junot ni su divorcio posterior consiguieron que su estela sobre el principado se apagara. De hecho, aumentó.

Tanto es así que el príncipe Rainiero, en los últimos años de su vida, se planteó convertir a Andrea Casiraghi (menor de edad), en su sucesor. La idea era modificar los estatutos de sucesión en beneficio de Carolina sobre Alberto porque no consideraba que su hijo, solterón empedernido, pudiera darle continuidad a la dinastía Grimaldi.

Una carta fechada en 2002 muestra las reuniones al más alto nivel que el príncipe mantuvo para convertir a Andrea Casiraghi en heredero. Pero los abogados recomendaron un cambio más al príncipe: para hacer efectivo el cambio era necesario que Carolina renunciara a sus derechos a la corona en beneficio de su hijo. Todos tenían miedo de la princesa que mandaba demasiado. Al final, todo se quedó como estaba y cuando Rainiero falleció, Alberto ocupó su lugar.

Carolina de Mónaco junto al príncipe Alberto. / GETTY IMAGES

Eso no significaba que Carolina estuviera de acuerdo con su posición en el principado. Y lo hacía saber. Se quejó del reparto de bienes de Rainiero, se quejó cuando no disponía de las joyas de los Grimaldi para eventos privados, se quejó del presupuesto asignado para su manutención, y entre queja y queja, aseguró su parcela de influencia y poder.

El ex asesor de los Grimaldi, Claude Palmero , describe en sus diarios que Carolina convirtió el castillo familiar de Marchais en su feudo, un sitio perteneciente a la corona en el que en realidad la princesa de Hannover lo decidía todo, desde la decoración al menú.

Ante la actitud de la hermana mayor del príncipe, Palmero decide como meta personal cortarle las alas, al menos las económicas. Comienza a rechazar los gastos de la princesa que desea cargar a las arcas nacionales gastos personales los viajes en primera clase de sus secretarias. Pone límite a sus tarjetas. Intenta por todo los medios que se ajuste al presupuesto asignado.

Podríamos pensar que, al final, aquellos que querían despojar a la primogénita de Grace Kelly de su estatus lo han conseguido. Carolina ha desaparecido de la escena monegasca y ha dado un paso atrás. Pero que nadie pierda de vista un detalle: fueron sus presiones las que hicieron que Alberto de Mónaco decidiera librarse de Claude Palmero el año pasado, el mismo año en el que la princesa cobró la mayor asignación anual hasta la fecha: 900.000 euros. No está mal para alguien que se supone que ha perdido la partida. Y un detalle más, el precioso apartamento en el que su hija Charlotte Casiraghi vive en París, lo paga Palmero. ¿Quién ganó a quién?