La favorita de Carolina

La tiara con historia que Carolina de Mónaco le prestó a Tatiana Santo Domingo el día de su boda (y a Beatrice Borromeo no)

Carolina de Mónaco ha sido siempre un ejemplo de saber estar, pero el día de las bodas de sus hijos varones se le notó claramente cuál era su nuera favorita: Tatiana Santo Domingo.

Tatiana Santo Domingo y Andrea Casiraghi.. / GTRES

Silvia Vivas
Silvia Vivas

La casa Grimaldi carece de tiaras nupciales, pero ni falta que le hacen porque lo que sí posee es un nutrido joyero familiar del que echar mano en las grandes ocasiones. Carolina de Mónaco se ha convertido en una experta en amortizar ese fondo de armario de diamantes y perlas hasta convertirlo en su lenguaje de los abanicos particular con el que dar pistas al mundo de lo que le pasa por la cabeza.

La princesa de Hannover ha sido acusada en alguna ocasión de disponer demasiado a menudo de las joyas principescas como si fueran suyas y no de la casa Grimaldi. La boda de su hijo Andrea Casiraghi con Tatiana Santo Domingo debió de ser una de esas ocasiones en las que la hija mayor de Grace Kelly hizo de rabiar a los asesores de Alberto II al echar mano de la herencia familiar para enviar al mundo el mensaje de que estaba encantada con su nueva nuera.

Y es que en las escasas y penosas fotos que se conservan de la ceremonia alpina con la que Tatiana se unió a Andrea Casiraghi , y por extensión, a Mónaco, se puede entrever que su vestido nupcial de Valentino iba completado con un complemento digno de una princesa: la tiara fringe de la princesa Carlota, la joya más querida por Carolina de Mónaco y la misma que no prestó a Beatrice Borromeo .

Qué significado tiene para Carolina de Mónaco las joyas de su abuela

Carolina de Mónaco ya ha contado en más de una ocasión que de las mujeres Grimaldi que la precedieron quien más le sorprende es su abuela paterna, la princesa Carlota, la hija ilegítima del heredero del principado que fue reconocida in extremis para salvar la dinastía.

Para más inri Carlota era morena, estilosa, hija de lavandera y corista y le hizo la vida imposible a Grace Kelly , algo que en su adolescencia a Carolina le causaba cierta gracia. La princesa de Hannover se encuentra físicamente parecida a esta mujer rebelde y desde siempre ha preferido acompañar sus looks más principescos con l as joyas que pertenecieron a Carlota antes que con las que pertenecieron a su madre, la princesa Grace.

Aunque no se suele ver a Carolina de Mónaco enjoyada, cuando había que competir por la atención en el paseíllo nupcial durante las bodas reales europeas del pasado, Carolina de Mónaco siempre ha portado las tiaras de la princesa Carlota, en ocasiones, incluso, hasta combinándolas: una sobre su cabeza, otra como collar.

De hecho, la tiara que le prestó a Tatiana Santo Domingo el día de su boda ha sido vista en numerosas ocasiones en el cuello de Carolina. Es una pieza conocida como la tiara Fringe porque ese es el estilo en el que se realizó en los años 20 del siglo pasado.

Carolina de Mónaco con la tiara Fringe convertida en gargantilla. / GETTY IMAGES

Según algunas fuentes la tiara de platino y diamantes dispuestos como rayos de sol fue una herencia que el príncipe Luis le donó a su hija al hacerla condesa y que él había recibido a su vez de su madre, Lady Mary Victoria Hamilton.

Pero la versión más extendida de la historia es que el príncipe la encargó como regalo de bodas para su hija en 1920 copiando el tipo de tiaras más de moda en aquel momento en la realeza europea, cuando todo el mundo quería una copia de las tiaras nupciales que la familia imperial rusa regalaba a sus hijas al casarse.

Con tanta boda de por medio en la historia de la tiara no es raro que concluyamos que Carolina le cedió a Tatiana Santo Domingo la más nupcial de todas las joyas a su disposición, una de sus favoritas, heredada, además, de una de sus personas a las que tiene mayor estima. Un préstamo con mucho significado.

Beatrice Borromeo, por su parte, debía de estar ya harta de tiaras y herencias familiares porque se casó por lo religioso en territorio Borromeo y sin tiara (rompiendo la tradición familiar de sus propias hermanas que sí llevaron este tipo de joyas en sus bodas).

En su boda civil sí optó por una corona, pero era de flores. En sus orejas brillaban unos pendientes de oro y brillantes que costaron 13.500 euros (según Bunte) y encargados en la joyería favorita de Ernesto de Hannover. Fueron regalo de su suegra y no tenían ni átomo de historia Grimaldi en su composición. Está claro a quién consideraba en aquel momento su suegra que encajaba mejor en la familia Grimaldi.