Charlène de Mónaco en una imagen reciente. /
En un nuevo capítulo de «no habrá paz para los Grimaldi» la prensa seria francesa ha encontrado un aliado para poner a la familia reinante en La Roca, con la princesa Charlène a la cabeza, en un aprieto: Claude Palmero .
El ex confidente de la princesa monegasca y ex hombre de confianza en las finanzas de Alberto II de Mónaco , se ha convertido, tras un año de disputas jurídicas, acusaciones de corrupción y despidos «improcedentes», en el enemigo declarado de los Grimaldi.
El ex asesor bautizado por Le Monde como «el hombre que sabía demasiado» se ha lanzado, vía compartir sus diarios personales con la cabecera gala, a una cruzada por dar a conocer al mundo cómo es, en realidad, la vida dentro del palacio Grimaldi , y la princesa Charlène es de las que peor paradas salen en ese retrato.
Según muestra Claude Palmero en sus cuadernos, lo que la prensa ha interpretado durante años como los celos de Charlène hacia las ex y los hijos ilegítimos de su marido, en realidad, podría ser la manifestación de que a la sudafricana, más que su matrimonio le molesta el despilfarro de su patrimonio (siempre que ese derroche no lo cometa ella misma).
Palmero afirma que las relaciones antes del matrimonio del príncipe Alberto y los hijos que nacieron como consecuencia de ellas, Jazmin Grace Grimaldi y Alexandre Coste-Grimaldi , le cuestan al príncipe una millonada al año, pero también que al príncipe le cuesta decir que no. A pesar de las indicaciones de su gestor, el príncipe accede a menudo a pagar los caprichos de sus hermanas y de sus ex, especialmente de Nicole Coste .
Todo cambia cuando en 2010 llega a Mónaco una nadadora sudafricana llamada Charlène Wittstock. En junio de ese mismo año Palmero ya avisó que los «gastos Wittstock» estaban saliendo del presupuesto del principado y deberían correr a cargo del príncipe. Al final se le reserva una dotación a Charlène de 700.000 euros al año. No fueron, ni de lejos, suficientes. Para 2013 Charlène ya «cobraba» más que la princesa Carolina y la princesa Estefanía . En 2023 Charlène recibía de su marido 1,5 millones de euros. Y quería más.
Las arcas de Alberto II de Mónaco parecen infinitas en los libros de notas de Claude Palmero, pero no lo son. Lo que sí no tiene final es la lista de gastos inexplicables de la princesa Charlène. Como en 2016, cuando pidió de un día para otro 77.000 euros en efectivo. O que consiguiera que saliera del bolsillo de su esposo el dineral que costó la casa de su hermano Sean Wittstock .
En 2017 el contable del príncipe tuvo que cubrir un descubierto de 600.000 euros de la princesa, que ya se había gastado su asignación. En 2019 Palmero calculó que Charlène había gastado en ocho años 15 millones de euros aunque sólo había recibido una asignación de 7,5.
Pero lo más sorprendente es la afición de la princesa por escoger a inmigrantes sin papeles para su servicio. En 2014, al nacer los mellizos Jacques y Gabriella , Claude Palmero apuntaba en su cuaderno que las niñeras de los mellizos no tenían su situación regularizada.
Las cuidadoras de Jacques y Gabriella no eran, ni mucho menos, las únicas personas sin papeles que trabajaban para la princesa de Mónaco. Al listado había que añadir otra persona que se encargaba de los perros, las institutrices (una de ellas, incluso, con un pasaporte falso). Hasta ocho personas 24 horas al día servían a Charlène. Al final fue el contable del príncipe quién tuvo que cerrarle el grifo, pero ahora que él ya no está, ¿quién frenará los gastos de la princesa?