Los reyes Felipe y Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía en las escaleras del palacio de Marivent en una imagen de 2014. /
Fue el 4 de agosto de 1973 cuando los reyes Juan Carlos y Sofía aterrizaron en la base aérea de Son Sant Joan de Mallorca . Desde allí, la futura Familia Real puso rumbo, por primera vez, a su casa de vacaciones en un Seat 1400. ¿El destino? Marivent, un palacio erigido sobre un terreno de 33.000 m2 y ubicado en la bahía de Palma que había sido residencia del pintor egipcio de origen griego Juan de Saridakis.
«Fue una idea de Pepe Alcover, presidente de la Diputación. A los entonces príncipes les pareció bien. A la reina Sofía le recordaba mucho a Grecia . Se decoró al estilo mallorquín con telas de Juncosa, la empresa de la familia de la mujer de Joan Miró, mi gran maestro», desvela la pintora Mayte Spínola, viuda de Graciliano Barreiros, quien junto a sus hermanos levantó la urbanización Sol de Mallorca, donde vivió la infanta Pilar.
«Fue mi amiga del alma. A nuestra casa venían Elena y Cristina a jugar. Guardo un gran recuerdo», prosigue la que es cuñada de una de las hijas de Nicolás Cotoner, el primer jefe de la Casa de Su Majestad el Rey.
Aquel verano inauguró una nueva era en la monarquía, tras los estíos de los Borbones en el Palacio de Miramar, en San Sebastián, o La Magdalena, en Santander. Las regatas de la Copa del Rey, las visitas de otros miembros de la realeza como los príncipes de Gales, los paseos en el Fortuna, las salidas nocturnas a la discoteca Club de Mar del entonces príncipe de Asturias, las fotos con Isabel Sartorius, las arriesgadas amistades del emérito con el príncipe georgiano Zourab Tcokotua o Javier de la Rosa, las escapadas inesperadas al restaurante Flanigan, el bienvenido Mr. Clinton, los veranos con los fantásticos Rosario Nadal y Kyril de Bulgaria saliendo del yate de Valentino junto a Claudia Schiffer... y la (millonaria) primera imagen de Letizia en biquini.
VIsta lateral del palacio de Marivent, residencia veraniega de lo Borbones. /
«Marivent supuso un revulsivo para la economía de la isla. No hay duda de que la monarquía ha generado mucha riqueza y ha puesto en el mapa no solo a Mallorca sino a las Baleares», finaliza Spínola. Pero, antes de la llegada de los monarcas, la isla ya se había convertido en destino de estrellas como Grace Kelly o políticos como Winston Churchill, tras la inauguración en 1929 del Hotel Formentor, en Pollença.
Más tarde, Michael Douglas compró S'Estaca, la antigua residencia construida por el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, entre Valldemossa y Deià. Cristina Macaya se convirtió en la mejor anfitriona de la isla en su magnífica residencia de Es Canyar. Y Ana Obregón o Norma Duval no daban el verano por empezado hasta que no tornaban sus cuerpos en posturas imposibles ante la lluvia de flashes de los paparazzi.
«El fenómeno Mallorca nació con la referencia de Mon Repos, el palacio de Corfú donde la familia real de Grecia veraneaba en los 50. Era un sitio muy mediterráneo, cerca del mar, donde recibían a familiares y mandatarios, pero sin demasiada etiqueta. Luego, se fue poniendo de moda y las diferentes familias reales encontraron sus lugares», explica el historiador Ricardo Mateos Sáinz de Medrano. A su juicio, «un sitio parecido a Marivent, que a diferencia de otros palacios europeos no es propiedad de los reyes, es el Château de Cayx, una finca vinícola donde la reina emérita Margarita de Dinamarca disfruta de partidas de bádminton, copas de vino rosado en la terraza y baños en el cercano río Lot».
Inglaterra es un caso aparte. Si a su madre, la reina Isabel II, le gustaba pasar tiempo en Balmoral, en Escocia, siguiendo la estela de la reina Victoria, a Carlos III es fácil encontrarlo en estos días de asueto leyendo, pintando acuarelas o plantando semillas en Highgrove House, una fantástica casa de campo en el condado de Gloucestershire, en la región de los Cotswolds, una de las más cozys del countryside británico, donde descansan desde los Beckham a Kate Moss.
Isabel II, Felipe de Edimburgo y tres de sus cuatro hijos disfrutando de un picnic en los jardines de Balmoral en una imagen de 1960. /
El monarca produce en los predios que adquirió en 1980 desde miel hasta un perfume. Su heredero, en cambio, prefiere el este del país. En Norfolk, los príncipes Guillermo y Kate encuentran la calma en Anmer Hall. Cerca tienen casa sus amigos, Rose Hanbury y David Rocksavage, marqueses de Cholmondeley. La zona se ha convertido en la favorita de diseñadores como Luke Edward Hall o algunos españoles, como el interiorista Carlos Sánchez-García o la joyera Mónica Vinader, cuyos diseños suelen lucir las nietas de la reina Camilla.
Felipe y Matilde de Bélgica también cuentan con su refugio. Se trata del Château Royal de Ciergnon, un castillo situado en una pequeña ciudad a 100 km de la capital. Leopoldo I compró el terreno en 1840 como regalo para su esposa, la reina Luisa María de Orleans, que se había encaprichado del bosque.
El castillo real de Ciergnon, lugar de descanso de la familia real belga. /
El castillo fue el escenario en el que el rey Balduino presentó en sociedad a su consorte, Fabiola de Mora y Aragón. En este encantador pueblecito, los reyes suelen ir a misa y pasan inadvertidos, aunque también les gusta escaparse a la isla francesa de Yeu, situada en el golfo de Vizcaya, muy cerca de Nantes, donde en 2019 compraron una casa.
La familia real de Suecia opta por el Palacio de Solliden. A la princesa Victoria, la heredera, le encanta pasear por sus jardines, aunque también disponen de una residencia en la Costa Azul. Allí, Carolina de Mónaco surca los mares a bordo de su yate, el Pachá III, donde siente el mar... y el vent.