crónica de un fracaso anunciado

El triángulo amoroso que dio la razón a Grace Kelly: Philippe Junot, Carolina de Mónaco y Giannina Facio

Philippe Junot, el primer marido de Carolina de Mónaco, no contaba con el beneplácito de Grace Kelly ni del príncipe Rainiero.

Philippe Junot y Carolina de Mónaco. / GETTY

Juanra López
Juanra López

A veces, por rebeldía, los hijos hacen lo contrario de lo que les aconsejan los padres. No sabemos si esta idea se le pasó por la cabeza cuando decidió casarse con Philippe Junot, con la oposición frontal de sus padres, Grace Kelly y Rainiero de Mónaco , conocedores de la fama de play-boy que arrastraba el empresario. Ignoramos también si cuando se produjo la ruptura, con Giannina Facio de por medio (es la mujer de Ridley Scott y aparece en casi todas sus películas desde que están juntos), le dijeron a la princesa aquello tan manido de «ya te lo advertí».

Sea como fuere, Philippe Junot vuelve a ser protagonista de la crónica social en nuestro país por el matrimonio de su hija, Isabelle Junot , con Álvaro Falcó, marqués de Cubas, hijo de la recordada Marta Chávarri , pero ahora lo es en el rol de respetable y entrañable abuelo, mientras que en la época que ahora glosamos se daba una imagen de él que no le dejaba en buen lugar precisamente.

Nos tenemos que remontar al 29 de junio de 1978, fecha de la boda de la mayor de los Grimaldi con Junot. Montecarlo era una alfombra roja (metafórica) por la que desfilaron leyendas de Hollywood en horas bajas que habían trabajado con Grace Kelly o mantenían una amistad con ella cuando era una de las actrices fetiche de Hitchcock. No se perdieron el enlace Frank Sinatra, David Niven, Ava Gardner y Cary Grant y los periodistas acreditados y los teleobjetivos de los paparazzi que buscaban fotos más indiscretas trabajaban a pleno rendimiento.

La boda tenía tal magnitud que el obispo de Toulon-Fréjus permitió que se sacara el altar de mármol de la capilla palatina de San Juan Bautista al exterior, lo que le dio un aire de mayor grandeza y permitió que se pudiera dar acomodo como se debía a los 650 invitados, entre los que no se encontraban cabezas coronadas, pero sí trataban de dar esplendor a monarquías pretéritas el conde de París o Humberto II de Italia, que no podía regresar a su país por el apoyo que los Saboya habían prestado a Mussolini. Por cierto, que Beatrice Borromeo, nuera de Carolina, estrenó hace unos meses en Netflix un documental nada edificante sobre su hijo, Vittorio Emanuele, padre a su vez de Manuel Filiberto de Saboya .

Giannina Facio, en una fiesta. / GETTY

La diferencia de edad entre Carolina de Mónaco y Philippe Junot, 17 años, no era el mayor obstáculo que presentaba esta relación. A él se le había bautizado como «el emperador de la noche» por sus juergas parisinas- Fue una supuesta infidelidad nunca confirmada del inversor con Giannina Facio, hija del diplomático costarricense Gonzalo Facio Segreda y su segunda mujer, lo que puso punto y final al matrimonio. Giannina es en la actualidad una avezada productora de Hollywood (le debemos títulos como House of Gucci y La verdad duelei) y actriz ocasional, como decíamos. En su momento también dio mucho que hablar por su relación sentimental con Julio Iglesias y Miguel Bosé asegura que estuvo muy enamorado de ella.

Carolina y el príncipe de Gales, la pareja soñada por Grace

Las fotos que corrobarían esa relación ilícita entre Junot y Faccio, si nos atenemos al estado civil del primero, vieron la luz mientras Carolina de Mónaco estaba esquiando con sus padres en Gstaad. No sería descartable que a la protagonista de Atrapar un ladrón se le hubiera venido a la mente ese deseo que algunos aseguran que albergaban, que su hija se hubiera emparejado con el príncipe de Gales, ahora rey Carlos III. Ese rol ya lo ocuparon Lady Di y Camilla Parker-Bowles con resultados diametralmente opuestos.

Junot tenía un linaje acreditado que le hacía valedor del rol de marido de la entonces Su Alteza Serenísima, ahora princesa de Hannover, Carolina de Mónaco. Era hijo de Michele Junot, quien fuera teniente alcalde de París, y de Lydia Thykjær, cuyo padre era un industrial danés de acreditada fortuna. Finalmente, los peores presagios se cumplieron y esta boda que podría considerarse como una metedura de pata de juventud le supuso enormes quebraderos de cabeza a la princesa, que no pudo casarse por la iglesia con el industrial Stefano Casiraghi, padre de sus tres hijos, Andrea, Pierre y Carlota. Su fatídico accidente mientras practicaba off-shore en la bahía de Montecarlo, el 3 de octubre de 1990, propició los años más duros de Carolina, cuyas imágenes enlutada de pies a cabeza dieron la vuelta al mundo.

El gran favor de Juan Pablo II

Conseguir el divorcio de Junot fue sencillo. Dos años después del enlace, en 1980, empezaron los trámites y el matrimonio estaba disuelto el 9 de octubre de ese año. Sin embargo, quedaba por conseguir la nulidad eclesiástica. Los tres jueces que formaban el Tribunal de la Rota no se lo pusieron fácil. El principal argumento que esgrimían era la inmadurez de la pareja, pero Le Monde desveló en julio de 1984 que el financiero se había opuesto a la nulidad, lo que de facto imposibilitaba conseguirla, como le ocurrió en España a Curro Romero con Concha Márquez Piquer, por poner un ejemplo..

Finalmente cambió de opinión y se allanó el camino, que fue particularmente largo y oneroso. La resolución positiva llegó el 1 de junio de 1992, pero aún quedaba que el papa Juan Pablo II reconociera como legítimos a los hijos de Carolina de Mónaco. Aunque había endurecido los criterios para conceder la nulidad, firmó un decreto en abril de 1993 para regocijo de la princesa, quien siempre tuvo una deuda de gratitud con el Sumo Pontífice polaco. De esta forma, sus hijos pasaban a formar parte de la línea sucesoria y se borraba para siempre la huella de Junot en su vida. Aunque siempre quedará la hemeroteca…