El príncipe Harry se ha convertido en una figura incómoda para los Windsor. /
Nadie sabe qué esperaba conseguir el príncipe Harry al escapar de sus obligaciones con The Firm, pero haciendo balance de lo que ha obtenido desde 2020 hasta ahora parece que su huida de los Windsor ha sido un completo fracaso.
Por hacer un recuento, solo de los hechos acontecidos en las dos últimas semanas, la antipatía que su propia familia muestra hacia el hijo menor de Carlos III ha quedado más de manifiesto que nunca. Por si fuera poco, el premio que recibió el pasado viernes en Los Ángeles y que le convierte en leyenda viva de la aviación (el galardón recibe el nombre de Living Legends of Aviation), por sus servicios durante la década en que cumplió su servicio militar, tambén ha levantado ampollas en el Reino Unido.
El libro número mil sobre los Windsor publicado recientemente afirma que en vez de sentirse homenajeada, la reina Isabel II se enfadó como nunca cuando supo que Harry había escogido llamar Lilibet, su apodo familiar, a su hija. Al parecer la soberana, en vez de pensar que su nieta quería tener un detalle cariñoso con ella, interpretó dicha elección como que le «robaban» lo único que realmente era suyo.
Un detalle más que muestra el grado de desconexión que tiene el príncipe Harry con su propia familia. La puntilla ha llegado cuando The Telegraph informaba que el hermano del príncipe William se enteró del ingreso en el hospital de Kate Middleton y de su propio padre, Carlos III, por la prensa, como el resto de los mortales, y no por la Casa Real.
A pesar de este feo detalle, otra fuente contaba en el Daily Mirror que tanto Harry como Meghan Markle se pusieron en contacto con la casa real para manifestar su apoyo en estos momentos. Un gesto que les honra pero que a nadie le importa a estas alturas.
Al principio de su estancia fuera de los muros de palacio, todo parecía ir viento en popa para los duques de Sussex : entrevistas de postín, fundación propia, contratos multimillonarios con Netflix, podcast de renombre y una autobiografía que arrasó en ventas para convertirse después en el libro más abandonado en hoteles del mundo.
Pero tras estos prometedores inicios, y transcurrido el tiempo, se puede asegurar que el príncipe Harry ha salido perdiendo con el cambio. Se ha convertido en el mayor apestado de la familia real británica, la misma que aún protege de la exposición pública y el escarnio a su tío, el príncipe Andrés , que ha cometido, al parecer, errores bastante más graves que querer ganarse la vida haciéndose la víctima en Estados Unidos.
La caída en picado de Harry se ha agudizado durante el último año. Desde agosto de 2023 ya no es Alteza Real y es sólo duque en el organigrama de la Casa Real británica. De hecho ya no forma parte del consejo real y no sustituye al rey cuando este no está disponible, como ha quedado evidenciado este misma semana.
Además en marzo del mismo año fue, literalmente, desalojado de Frogmore Cottage , la mansión que la reina Isabel II le regaló y en cuya remodelación gastó más de dos millones de euros.
El príncipe Harry durante el Gran Premio de los Estados Unidos. / /
Tampoco consiguió que su seguridad en sus escasas visitas a Reino Unido corriera a cargo del Comité Ejecutivo para la Protección de la Realeza y las Figuras Públicas porque los tribunales le recordaron que él ya no era una figura pública ni real.
Los juicios no están siendo, precisamente, una fuente de felicidad para Harry. En su batalla contra los medios a los que acusa de espionaje y acoso entre otras muchas cosas está recibiendo una de cal y otra de arena. No le permitieron demandar al Mail on Sunday y le obligaron a pagar unos 60.000 euros como compensación, pero a cambio venció al grupo Mirror y será indemnizado por ello.
Pero lo peor, sin duda, es que su «familia adoptiva» la troupe estadounidense, también se ha cansado de él y está dando la espalda a los Sussex de 1001 formas diferentes. De hecho, The Hollywood Reporter les ha nombrado oficialmente los perdedores de 2023 por su «documental llorón de Netflix, su biografía llorica y un podcast inerte».
Las señales de que su intento de vivir como celebridades no ha colado en Hollywood se dejan ver casi a diario. Las más evidentes llegan en ceremonias como la de los últimos Globos de Oro , en los que las pullas a Harry y Meghan Markle salpicaron un par de momentos de la noche.
Ante los ataques que parecen llegar de todos los frentes la pareja se ha encerrado en su mansión de Montecito con una nueva inquilina oficial: ahora Harry vive con su suegra, Doria Ragland . Cuando los Sussex abandonaron Reino Unido Doria se convirtió en un pilar para la confianza de Harry y Meghan.
Para Meghan Markle Doria es su madre y su mejor amiga, para Harry una persona en la que confiar, pero también hay quién apunta que el príncipe necesita su espacio y de vez en cuando manda a la suegra a la casita de invitados de la mansión. Insistimos en que nadie sabe qué pasó por la cabeza del príncipe Harry cuando decidió abandonar la vida palaciega, pero seguro que jamás se planteó que acabaría viviendo con su suegra.