La reina Silvia de Suecia parece la versión nórdica de nuestra reina Sofía . Ambas son un misterio para la prensa y unas profesionales en lo institucional, pero también han tenido que afrontar en su vida dramas muy parecidos: una infancia difícil, el desmoronamiento de su familia y las infidelidades de su marido.
Sin duda este último detalle es el que más las asemeja de cara al público. Ambas monarcas octogenarias han afrontado la humillación pública que supone que los medios aireen con grandes titulares las infidelidades de sus parejas y han reaccionado con el mismo hieratismo al escándalo.
La reina Silvia tuvo su propia Corinna Larssen, pero en su caso la amante más o menos «fija» del rey Carlos Gustavo era una estrella de la canción más parecida a Bárbara Rey que a una princesa sin título. Y no fue ni mucho menos la única.
Pero como hizo nuestra reina Sofía, Silvia de Suecia no se planteó el divorcio del rey Carlos Gustavo . De los 50 años que lleva el monarca sueco en el trono, la reina Silvia ha permanecido a su lado 46, encarnando siempre la viva imagen de la serenidad.
Su estoicismo ante las dificultades ha sido tal, que la única pista de que en algún momento lo ha pasado mal lo encontramos en un rincón de su despacho, concretamente en un pequeño cojín en el que ella o alguien cercano ha bordado en punto de cruz el mensaje «no es fácil ser reina». Desde luego estas tres tragedias no se lo pusieron fácil a Silvia.
La reina que «nunca falla» (como la definen en los medios suecos) se tragó su peor sapo en 2010. La publicación de unas memorias (obviamente no autorizadas) desvelaron un listado casi completo de todas las mujeres con las que el rey Carlos Gustavo de Suecia había sido infiel a su mujer. Entre ellas se encontraba una popular cantante, Camilla Henemark, con la que mantuvo una relación .
Los autores del libro, Thomas Sjöberg, Deanne Rauscher y Tove Meyer, hablaban del monarca acudiendo a «fiestas salvajes con strippers». A las juergas, evidentemente, no acudía solo, sino con aristócratas con las mismas ganas que él de pasarlo bien. La defensa del monarca (declarar públicamente que «estos asuntos ocurrieron hace mucho tiempo») no le quitaba precisamente hierro al asunto.
Que cuando le preguntaran si había ido en algún momento a un club de alterne respondiera que «depende de qué se entienda por esos lugares. Hay algunos restaurantes donde algunas camareras están más o menos vestidas«, tampoco ayudó.
El rey Carlos Gustavo de Suecia y su esposa, la reina Silvia. /
El asunto de las infidelidades del monarca colean desde entonces. A pesar de que el monarca concediera ruedas de prensa para explicar que la familia real había hablado en privado sobre el tema y lo habían resuelto.
A pesar de que la amante en cuestión pidió públicamente a la reina Silvia que tuviera en cuenta que aquello era agua pasada. A pesar de los pesares, cada cierto tiempo la narrativa del rey infiel se reactiva y siempre con malos resultados para la mujer que continúa al lado del infiel.
Por ejemplo, en 2012 la artista Elisabeth Ohlson Wallin realizó un fotomontaje para la revista Tiden en la que podía ver al monarca y sus amigos «consumiendo» a su amante cubierta con pizza mientras la reina Silvia estaba agachada en suelo intentando borrar una esvástica que está pintada en el suelo. Por que sí, para los medios suecos, el escándalo del rey adúltero se convirtió en la percha perfecta para poder sacar a la luz el pasado nazi de la familia de su reina.
La reina Silvia de Suecia no es sueca, es alemana. Nació, de hecho, en plena Segunda Guerra Mundial y su padre, Carl August Walter Sommerlath, no solo fue miembro del partido nazi alemán, sino que según los medios suecos se aprovechó para hacer fortuna de las expropiaciones nazis a los empresarios judíos.
La reina Silvia de Suecia /
Mucho menos tibia en defender la sombra del nazismo que oscurece su pasado familiar que cuando le toca proteger su matrimonio de la opinión pública, la reina Silvia sí toma cartas en el asunto cada vez que se habla de su padre o se relaciona su pasado con el nazismo.
Sin ir más lejos denunció a todos los medios que publicaron el fotomontaje en el que aparecía limpiando la cruz gamada. Y en algunas ocasiones ha impedido que determinados medios acudan a galas solidarias en las que ella tiene voz y voto por difundir este tipo de rumores sobre su pasado familiar (o eso creen las malas lenguas).
Sobre su padre, en los 90 declaró que no creía que fuera nazi. Posteriormente, cuando se publicó el registro que reflejaba sin lugar a dudas que su progenitor se afilió al partido nazi en 1934, declaró que lo hizo «como muchos otros» y que no podía saber en qué derivaría aquello y que seguramente de haberlo sabido no se habría afiliado.
Pero llegó 2012 y la televisión sueca emitió dos documentales sobre el pasado nazi del padre de la reina. Mostraban que en 1939 compró baratísima una empresa a un empresario judío llamado Efim Wechsler y se enriqueció durante la guerra fabricando máquinaria para el Tercer Reich.
La reina contraatacó ofreciendo desde la Casa Real un informe de 72 páginas con otra versión de esa historia. En esta versión su padre quedaba retratado como un buen hombre que facilitó la huida del empresario judío a Brasil al intercambiar su empresa por una plantacion de café que la familia de la reina poseía en el país sudamericano.
Vídeo. La familia real sueca: quién es quién en la controvertida familia real nórdica
Paradójicamente la familia de la reina también se estableció en Brasil (el país de origen de su madre Alice) cuando los nazis perdieron la guerra. Pero fueron detenidos antes de conseguirlo e internados en un campo de refugiados instalado por el ejército británico en un psiquiátrico.
A fecha de hoy la reina Silvia sigue afirmando la inocencia de su padre: nunca combatió ni fue un miembro activo del partido nazi. Simplemente era muy difícil ir contracorriente en aquellaépoca, asegura.
Mientras, no da puntada sin hilo y continúa lavando su imagen para que no se la relacione con el nazismo. El pasado 23 de enero de este año, sin ir más lejos, la reina Silvia acudió en solitario a la Gran Sinagoga de Estocolmo para asistir a un acto de recuerdo de las víctimas del Holocausto.