el diseñador feliz

Wes Gordon

Gervasio Pérez

Hay dos tipos de diseñadores diferentes cuando toman las riendas de la dirección creativa de una firma: los que se olvidan de los códigos de identidad de la marca y abogan por conceptos radicalmente nuevos y los que, sin dar la espalda a su legado estético, la actualizan. Wes Gordon (Chicago, 1988) forma parte de ese segundo grupo.

De hecho, su primera colección para Carolina Herrera , hace cinco años, fue toda una declaración de intenciones a la que sigue fiel. Casado con el diseñador de cristal Paul Arnhold, la pareja acaba de tener su segunda hija y Gordon traslada esa felicidad vital a sus creaciones.

Mujerhoy. ¿Por qué se inspiró en un jardín secreto para diseñar esta colección de primavera, que coincide con su quinto aniversario en la firma?

Wes Gordon. Quise poner énfasis en la belleza y no tener que pedir disculpas porque me gusten las cosas bellas y la ropa bonita. Así veo la casa Carolina Herrera. Además, el mundo es con frecuencia feo y los momentos de belleza son fundamentales para sentirnos mejor.

¿Prepara la colección pensando en el departamento comercial? Quizá es poco romántico, pero imagino que los tendrá muy en cuenta.

No creo que no sea romántico y, de hecho, me encanta pensar en la salida comercial de los diseños. No preparo dos colecciones distintas, una para la pasarela y otra para las tiendas. Mi objetivo en todo lo que diseño es que una mujer, en algún lugar del mundo, se enamore de esa prenda y quiera comprarla y vestirla. Ése es el fin último, así que no los veo como conceptos excluyentes. Lo que más me emociona es ver a una mujer por la calle o en una fiesta con una prenda que he diseñado. Es la última validación de un buen trabajo.

¿Cómo ha cambiado su punto de vista en estos cinco años? Antes tenía su propia firma y supongo que la visión de la moda era otra.

Sí, es cierto, ahora tengo una visión bastante diferente. Fui un diseñador independiente durante siete años. Como puede imaginar, ser un diseñador pequeño es complicado; tienes que luchar por sobrevivir cada día y tu vida se acaba convirtiendo en una batalla para vender lo suficiente y así poder continuar con la siguiente colección. Carolina Herrera supuso la posibilidad de volver a lo que realmente amo de la moda y dejar atrás todas esas cosas que no son tan divertidas y que conlleva un pequeño negocio. Me devolvió la oportunidad de abrazar la magia de contar historias.

Diseño de la colección primavera/verano, presentada en el hotel Plaza de Nueva York.

¿Tiene la firma en su estilo influencias de la cultura española?

Por supuesto. Carolina Herrera es una casa muy interesante: como sabe, ella está orgullosa de ser venezolana, su marido tiene herencia española, ambos viven en Nueva York y el propietario de la empresa es Puig, el grupo español presente en todo el mundo. Así que es una compañía latina, neoyorquina... una compañía global. Cuando Carolina Herrera presentó su primera colección en 1981, ya reflejó esa alegría de vivir tan española.

¿Qué piensa del estilo de la reina Letizia?

Es una mujer bellísima y me parece muy elegante vistiendo. He tenido la oportunidad de trabajar con mujeres con mucho poder que son escrutadas públicamente por su forma de vestir y no es nada fácil para ellas. Creo que la reina Letizia lo hace con encanto. A menudo se subestima la enorme presión y el desafío que eso supone para ellas. Desde mi punto de vista, la reina lo hace siempre con elegancia, belleza y respeto; y representa muy bien a la monarquía.

Prendas de la colección prefall, que llega a las tiendas antes del verano.

Volvamos a Carolina Herrera. ¿Le muestra las colecciones antes?

El primer año trabajamos juntos y le consultaba muchas cosas. Establecimos una relación muy cercana, pero después ella se retiró y ya no volvió por la oficina. La veo dos o tres veces al mes. Quedamos con mi marido y salimos a cenar, pero nunca hablamos de trabajo. Así que la primera vez que ve la colección es sentada en el desfile. Es algo extraordinario, algo que no habría podido imaginar y que a veces me asusta, por la responsabilidad de estar a la altura.

¿Qué es ser elegante hoy?

Pensar, vivir conscientemente, saber que tus actos tienen consecuencias. Hay una idea equivocada sobre la elegancia, una idea pasada de moda que solo hace referencia a la estética y la elegancia es muy diferente al buen gusto. El buen gusto es a menudo muy aburrido, mientras la elegancia hace del mundo un lugar un poco más bello.

Es respeto, solidaridad, educación...

Bueno, no todo el mundo tiene acceso a una buena educación, pero puede ser increíblemente elegante y tener curiosidad por el mundo y por la vida. Querer ver, querer explorar, estar hambriento de belleza.

¿Qué le satisface especialmente de su trabajo?

Mi parte favorita son las pruebas. Estar en una sala y que la modelo se pruebe los prototipos que hemos creado. Me encanta ese momento, cuando la ropa toma vida: ver cómo funciona en el cuerpo y poder hacer cambios. Ver las prendas en tres dimensiones, me encanta. Otro momento que me apasiona es al final del proceso: estar en un evento o en el showroom con mujeres reales y observar sus reacciones, sus caras cuando ven las prendas, hacia dónde se les van los ojos...

Diseños de la colección primavera/verano, presentada en el hotel Plaza de Nueva York. / DR

En este trabajo no estás pintando un cuadro para colgar en la pared, creas piezas con tejidos que sólo cobran vida cuando una mujer las viste. Esa parte final del proceso es también preciosa y hace que todo tenga sentido.

Lo suyo es vocación, porque tengo entendido que pidió a su padre una máquina de coser de regalo cuando cumplió 18 años.

Sí, sí, así fue. Le enseñé un montón de dibujos de vestidos y le dije que necesitaba una máquina pasa coserlos y que quería ir a Londres a estudiar en Central Saint Martins. Lo había mantenido muy en secreto, aunque siempre había soñado con eso. No era algo frecuente en mi escuela, en Atlanta, que a un chico le gustase la moda. Mis padres son increíbles y me apoyaron en todo momento. Además, encontré una mujer que me enseñó a hacer patrones, así que creé un portfolio, me aceptaron en Saint Martins y me fui a Londres cuatro años.

¿Cómo cambió su vida entonces?

Fue extraordinario porque, como le he dicho, me crié en el sur de Atlanta, en un entorno muy tradicional. Llegué a Londres en el momento álgido del club BoomBox y todo ese fenómeno encabezado por Pete Doherty, Kate Moss, Amy Winehouse... Saint Martins era un poco el epicentro de todo aquello. Los contrastes y las diferencias nos enriquecen y pasé cuatro años maravillosos, pero siempre supe que quería volver a Estados Unidos y vivir en Nueva York.

Prendas de la colección prefall, que llega a las tiendas antes del verano. / DR

En estos últimos cinco años, su vida personal también ha cambiado mucho. Se casó y tiene hijos. ¿Cómo ve ahora la vida?

Mi marido y yo tenemos dos hijos y eso te cambia todo, las prioridades y la forma de vivir en general. Henry tiene dos años y acabamos de tener a la segunda, Giorgia, que nació en febrero. Tenemos una casa en el campo, en Connecticut, y pasamos allí todos los fines de semana.

¿Cómo es su vida en la actualidad?

Recuerdo cuando conocí a Carolina Herrera, en su despacho. Estuvimos hablando dos minutos del trabajo y los otros 58 minutos sobre los libros que estábamos leyendo, nuestros perros, restaurantes, la familia... A ambos nos encanta nuestra vida familiar. Quizá es un concepto un poco pasado de moda, pero es en el que realmente creo y que practico. La moda es mucho más que hacer un vestido o una camisa; es un punto de vista, es cómo vives, cómo tratas a tus amigos, cómo viajas... es una foto más completa de la vida.

Por eso me siento tan afortunado por tener una maravillosa familia que me proporciona equilibrio, que me permite tener una perspectiva del mundo que me hace feliz. Creo que la gente feliz hace ropa feliz. Y eso es lo que representa Carolina Herrera: una casa que hace ropa feliz. No puedes falsear eso, puedes verlo en la ropa, que no podría estar hecha por personas infelices. Todo lo que hacemos es alegre y queremos proporcionar esa alegría al mundo. Todo eso, mi marido, mis hijos y mi familia, es lo que me hace feliz y trato que los demás lo sean con mi trabajo.