Retrato de Amanda Gorman. /
Sus palabras son claras como el cristal, cuidadosamente elegidas y pronunciadas sin una pizca de duda. Al teléfono, desde la costa oeste de Estados Unidos, las frases de Amanda Gorman (Los Ángeles, 1998) brillan en comparación con mi inglés algo oxidado. Pero barre mi inhibición con una carcajada: «Me recuerda una anécdota. Cuando era pequeña, no podía pronunciar la r. Estaba estudiando español, pero mis profesores me dijeron que debería haber elegido francés, porque mis r son más suaves. Fui yo quien perdió el tren al no aprender su idioma. ¡Así que no se disculpe!».
Detrás de esas r que se le resistían, encontramos uno de los cimientos de la historia de Amanda Gorman: la de una niña negra con un problema de audición y de habla, que, a los 22 años, se convirtió en la poeta más joven en recitar uno de sus textos en la ceremonia de toma de posesión del presidente estadounidense de más edad: Joe Biden, un hombre blanco de 78 años... y también tartamudo.
Dos personalidades situadas en los extremos del espectro de la sociedad estadounidense, símbolo evidente de la voluntad de abrir un nuevo mandato orientado a la unión, tras cuatro años de una presidencia de Donald Trump marcada por las divisiones y la agitación de los movimientos MeToo y Black Lives Matter.
Nadie ha olvidado la aparición de Amanda Gorman en las escalinatas del Capitolio, ese 20 de enero de 2021. Nadie ha olvidado su poema, La colina que ascendemos: «Pero, de repente, el amanecer nos pertenece / Sin saber por qué razón, actuamos / Sin saber por qué, resistimos / Testigos de una nación que no está rota, simplemente inacabada». Palabras poderosas, portadoras de esperanza, que la joven recitó con un aplomo asombroso.
«Hubo algo mágico en aquel escenario, frente a los presidentes, mirando más allá de las banderas, hacia el monumento a Lincoln. Realmente sentí que era parte de un momento histórico». Nadie ha olvidado tampoco cómo se presentó allí, vestida con una chaqueta amarilla como el sol y una diadema roja sangre. El accesorio se agotó en las tiendas y se copió por todas partes.
El 21 de enero de 2021, durante la toma de posesión del presidente Joe Biden, en la escalera del Capitolio, en Washington DC, cuando recitó su poema La colina que ascendemos. /
«Mi madre sugirió que la usase sobre mis trenzas, de forma horizontal. Recomiendo encarecidamente la diadema al estilo corona para quien quiera parecer más alta, más recta y más orgullosa», comentó en Instagram. Como buena millennial, sabe que la moda es una poderosa transmisora de ideas, un territorio cuyas fronteras se abre cada vez más a la diversidad. «Me alimento de mi herencia: investigué sobre las formas de vestir en África occidental, volviendo a mis raíces y a las tendencias populares en la comunidad negra».
Desde entonces, Amanda Gorman forma también parte de esa gran corriente que arrastra a las nuevas generaciones. Desde septiembre de 2021, es embajadora del grupo Estée Lauder y comisaria de alguna de sus iniciativas: con ella, la marca estadounidense lanzó Writing Change («Escribiendo el cambio»), un ambicioso programa destinado a apoyar a organizaciones que trabajan por la alfabetización de los jóvenes.
«Para las mujeres y las niñas también significa más acceso a la información sobre los derechos reproductivos. Cuando les damos a las mujeres un bolígrafo, les damos un poder que va mucho más allá de simplemente llevar un diario, incluso si este enfoque es también poderoso».
De este poder, ella fue consciente muy temprano: «A los siete u ocho años, me quedó claro que escribir me permitía tener una voz. Me resultaba muy difícil hablar en clase, hacerme oír entre mis compañeros. Cuando uno de mis maestros me introdujo en la escritura creativa, vi que era una manera de expresar mis ideas y sentimientos».
Cuando recitó su poema en Washington, Amanda Gorman ya era una estrella, una niña prodigio que encarnaba la nueva fuerza del cambio. Había sido criada por una madre soltera, profesora de inglés, que les dio a sus hijos (tiene un hermano mayor y una hermana gemela, Gabrielle, directora de cine) libros y cuadernos en lugar de instalarlos frente al televisor. Sus iconos: Toni Morrison o Maya Angelou. Si eligió expresarse a través de la poesía es porque su ritmo, como el de las canciones pop o el rap, la ayudaba a sortear los ángulos abruptos de las palabras que le cuesta pronunciar. Y porque son portadoras de una verdadera revolución.
Un impacto que recuerda citando a la poeta negra, feminista y lesbiana Audre Lorde: «La poesía no es un lujo. Es una necesidad vital de nuestra existencia. Crea la luz dentro de la cual afirmamos nuestras esperanzas y sueños de supervivencia, de cambio, primero a través del lenguaje, luego a través de la idea y finalmente de la acción más tangible».
En 2016, lanzó su propia organización benéfica, destinada a promover la escritura entre los estudiantes, y, al año siguiente, se convirtió en la primera ganadora del Premio Nacional Poeta Joven, que distingue a una promesa de la poesía estadounidense. Todo esto, incluso antes de graduarse cum laude en Harvard, en 2020, donde, gracias a una beca, realizó estudios de Sociología.
Su trayectoria es ejemplar, supone la validación de la Generación Z, con un sentido innato del estilo y la comunicación. Fue sin duda lo que Jill Biden tenía en mente cuando se puso en contacto con ella para que hablara en la investidura de su esposo.
Gorman cambió algunos versos de su poema en el último minuto, afectada por el asalto al Capitolio por parte de seguidores ultra del presidente saliente, Donald Trump: «Vimos una fuerza empeñada en destruir nuestra nación en lugar de compartirla / Empeñada en derribar nuestro país para obstaculizar la democracia / Y ese objetivo casi tiene éxito / Pero si la democracia puede a veces ser obstaculizada / nunca podrá ser definitivamente derrotada».
Los poemas de Amanda Gorman, a la vez líricos y accesibles, poseen la peculiaridad de ser dinámicos y estar en movimiento, siempre relacionados con la actualidad. Este año, también evocó en versos la masacre de la escuela primaria de Uvalde o las amenazas tangibles que se ciernen sobre el derecho al aborto en algunos estados de su país.
Lejos de quedarse en los estantes polvorientos de una librería, sus textos se encuentran en la Biblioteca del Congreso, pero también en sitios de venta online. A finales de marzo de 2021, se publicó la versión impresa de La colina que ascendemos, prologada por Oprah Winfrey, que vendió 215.000 copias en Estados Unidos en solo una semana.
A algunos fragmentos de este poema son ahora mantras en las redes sociales, un nuevo Eldorado de sonetos, cuartetos y otros haikus que inspiran. «Considero que la poesía está viva, aunque a menudo permanezca bajo el dominio de hombres blancos, viejos o muertos», subraya la joven. «De ahí que, cuando hablo de poesía, siempre trato, en la medida de lo posible, de mencionar a autoras mujeres, queer o marginadas que han construido lo que la poesía es en la actualidad. Porque no me pertenece a mí sino al público, como patrimonio de la lengua que tenemos en común».
Gorman se ha erigido en nuevo icono de un ideal de reconciliación, en el polo opuesto de ese «mundo desollado» que denuncia en su poema. No se ha librado, sin embargo, de la polémica. En España y Países Bajos, los editores de La colina que ascendemos fueron muy duramente criticados por no haber elegido traductoras negras para sus respectivas ediciones y, por lo tanto, haber minimizado el papel y la mirada de las minorías. En Francia, la editorial Fayard confió el texto a la música belga-congoleña Lous and The Yakuza, una decisión que despertó la aprobación general.
A pesar de todo, el asunto despertó numerosos debates. Para algunos, era una prueba clarísima de que la poesía evoluciona dentro de un marco que puede, en un abrir y cerrar de ojos, pasar de lo más flexible a lo más rígido. Capaz de encajar en el molde de las redes sociales y las modernas leyes de la comunicación, se convierte en un material inflamable cuando se codea con el racismo, la política y, en ocasiones, la corrección política.
En todo ese tiempo, la autora no ha hecho comentarios al respecto. Pretende superar las divisiones y dirigirse a todos. Y para ello ha confiado, una vez más, en el poder de las palabras. Un ejemplo para ilustrarlo: mientras defendemos el body positive hasta el punto de que muchos asumen como un nuevo mandato estar orgullosos del propio cuerpo a toda costa, Gorman va más allá y propone el término de « neutralidad».
«Es difícil caer en éxtasis ante el propio cuerpo cuando se reciben tantos mensajes contradictorios en los medios de comunicación o en la cultura imperante. Creo que es importante, los días en los que las personas no se sienten hermosas, no juzgarlas porque tienen dudas. Cuando no me siento del todo de acuerdo con la apariencia de mi cuerpo, intento, al menos, ser neutral. Si no puedo conseguir un acercamiento positivo, al menos intento no ser negativa».
Se trata de una idea que procura aplicarla a todos los campos de la vida. A sus 24 años, esta posible futura candidata presidencial tiene una agenda digna de un ministro. Promociona su último poemario, Mi nombre es nosotros, aboga por los derechos de las mujeres y las minorías, escribe poemas para la ONU y se comunica habitualmente con otros referentes, como la joven activista paquistaní y Nobel de la Paz Malala Yousafzai.
¿Incluso si eso significa sacrificar cualquier forma de ligereza? «No, porque la necesito. Es algo que trato de incorporar a mi poesía. Salgo con amigos y me gusta cocinar, aunque no sea lo que mejor se me da. También veo series: me encanta el Great British Baking Show [un concurso televisivo de repostería], es muy relajante. Y acabo de terminar Juego de tronos: lo sé, no es exactamente ligero, pero no había tenido tiempo de verla antes».
Haga lo que haga, Gorman siempre tiene presente unos versos que escribió y la acompañan como un talismán: «Soy hija de escritores negros/ que descendían de luchadores por la libertad/ que rompieron sus cadenas y cambiaron el mundo». Ahora, es su turno de tomar el relevo.